Responsables de la edición científica:
   Dr. Xavier Molero y Dra. Natalia Borruel
 
TRATAMIENTO DE LA LITIASIS BILIAR
L. Chicharro y J. Vilaseca
Fecha de realización: 1/06/2002
Contenido
TEMAS RELACIONADOS

 
 INTRODUCCIÓN

La prevalencia de la litiasis biliar aumenta con la edad, especialmente en la mujer, sobrepasando el 50% en los individuos mayores de 70 años (1). En la se recogen los procesos y las enfermedades que se asocian a una mayor incidencia de litiasis.

En nuestro medio, el 75-80% de los cálculos biliares son de colesterol. El resto son cálculos pigmentarios formados por sales de bilirrubinato de calcio, fosfato y carbonato.

En la evolución natural de la enfermedad biliar litiásica, aparecerán diversos grados de afectación clínica y una serie de complicaciones relacionadas con la inflamación, infección o migración de los cálculos situados en la vesícula biliar como si de eslabones de una misma cadena se tratara.

Hasta fechas relativamente recientes el único tratamiento posible de la litiasis biliar sintomática era el quirúrgico. En la actualidad, el clínico dispone de un abanico de posibilidades terapéuticas de las que debe conocer su aplicabilidad, eficacia y disponibilidad, así como sus riesgos y beneficios ().

La elección del tipo de tratamiento depende primordialmente de la naturaleza de los cálculos existentes y del estado de la vesícula biliar -información que puede obtenerse a partir de los resultados de las exploraciones complementarias habitualmente practicadas-, así como de las posibilidades técnicas de cada centro.

A grandes rasgos, podemos adelantar que la terapia disolutiva oral, la disolutiva local y la litotricia extracorpórea por ondas de choque no han respondido a las esperanzas despertadas por el reducido porcentaje de pacientes susceptibles de tratamiento y por la alta tasa de recidiva post-disolución (2).

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 ALGORITMOS Y ANOTACIONES
ESTRATEGIA DIAGNÓSTICA ANTE UN PACIENTE CON LITIASIS BILIAR (ALGORITMO 1)

A

La mayoría de los cálculos biliares vesiculares son asintomáticos y habitualmente se detectan en exámenes radiológicos practicados para investigar otras patologías.

La probabilidad de presentar manifestaciones clínicas es inferior al 25% a los 10 años del diagnóstico. De estos pacientes, el 3-7% desarrollarán complicaciones (1).

La colelitiasis asintomática, consecuentemente, no se considera indicación de colecistectomía salvo en las condiciones que predisponen a la malignización –vesícula calcificada y/o litiasis múltiple de tamaño superior a los 3 cms- (2). No es razonable adoptar una actitud terapéutica diferente en los pacientes diabéticos.

El cólico biliar o hepático es el síntoma principal de la colelitiasis. Se caracteriza por dolor –no necesariamente cólico ni postprandial- localizado en epigastrio-hipocondrio derecho que irradia a dorso y escápula, de horas de duración y, frecuentemente, de aparición nocturna. Aparece como consecuencia de la obstrucción litiásica del conducto cístico.

Los síntomas dispépticos también son frecuentes pero inespecíficos y difíciles de atribuir a la colelitiasis existente.

La colelitiasis sintomática presenta un riesgo elevado de recidiva clínica -del 70% en los dos primeros años del inicio de los síntomas- que exige tratamiento (2,3).

B

Si el episodio de dolor es autolimitado se habla de cólico biliar simple y si no es autolimitado de cólico biliar complicado. Son formas de cólico biliar complicado la colecistitis aguda, la coledocolitiasis con cálculo enclavado, con o sin ictericia obstructiva, la fístula biliodigestiva, la colangitis aguda y la pancreatitis aguda. La presentación de alguna de estas complicaciones contraindica los tratamientos no invasivos. El tratamiento de elección es, pues, quirúrgico, aunque en pacientes de alto riesgo se recurre a la esfinterotomía endoscópica sola o combinada.

C

Aproximadamente, el 10%-15% de los pacientes con colelitiasis sintomática presentan asociados cálculos silentes en el colédoco. La migración silenciosa de las litiasis, desde la vesícula al colédoco, es un fenómeno relativamente común (4).

La coledocolitiasis silente deberá sospecharse en pacientes con antecedentes de cólicos hepáticos complicados, hallazgos ecográficos de vía biliar común dilatada (y/o presencia de litiasis ductal), así como ante la alteración de la bioquímica hepática que persista más de 3 días, si bien, hasta en el 30% de las ocasiones, puede no provocar alteración alguna (5-9), ( ).

D

Si en el preoperatorio de una colecistectomía laparoscópica electiva existe sospecha fundada de coledocolitiasis asociada ( ), será imprescindible la práctica preoperatoria de una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE). La exploración se completará, de confirmarse la sospecha, con la esfinterotomía de la papila de Vater para la extracción de la(s) litiasis por técnicas endoscópicas (25,26) (ver apartado I).

Si, por el contrario, el grado de sospecha es moderado o discreto, para ponerla en evidencia podemos recurrir a métodos alternativos, como son la colangiopancreatografía por RM en el preoperatorio (ver apartado I) y la colangiografía transcística o la ecografía laparoscópica en el peroperatorio ( 15, 27-30).

E

Alternativas a la colecistectomía son formas no estándares de tratamiento que han caído en desuso como tratamientos iniciales de la colelitiasis -teniendo en cuenta el avance que ha representado la colecistectomía laparoscópica- pero pueden resultar válidas en situaciones excepcionales como cuando el riesgo quirúrgico es muy elevado o se rehusa la cirugía –siempre y cuando las litiasis sean radiotransparentes y la vesícula funcionante por colecistografía oral- (19).

Se consideran tratamientos alternativos de la colelitiasis, la terapia disolutiva –oral o por contacto- y la litotricia biliar -extra o intracorpórea-.

La terapia disolutiva oral se basa en el hecho de que la litiasis de colesterol es susceptible de disolución en la bilis que previamente ha sido desaturada de colesterol -básicamente por la acción de los ácidos biliares urso y quenodeoxicólico-. Sólo un 20% de los pacientes con colelitiasis reúnen requisitos para este tipo de tratamiento y, tras haber conseguido la disolución completa, el índice de recidiva al suspenderlo es del 10%/año.

Durante el tratamiento se comprueba, independientemente de la disolución de las litiasis, alivio sintomático, disminuyendo el número de episodios de dolor y mejorando los síntomas dispépticos asociados.

En la terapia disolutiva por contacto de la colelitiasis, el MTBE (metil-tert-butil-éter) es el disolvente más frecuentemente utilizado. Se trata de un anestésico general inflamable y potencialmente explosivo que se instila directamente en la vesícula biliar mediante un catéter colocado por vía retrógrada endoscópica o mediante colecistostomía percutánea. Sus efectos secundarios pueden ser graves y consisten en náuseas, vómitos y sedación por absorción sistémica y, si existe extravasación desde la vesícula biliar, hemólisis y duodenitis.

Obtiene la disolución del 95% de las litiasis de colesterol, si bien los duros cálculos pigmentarios son muy resistentes a este tratamiento. Otros disolventes como el DMSO, los quelantes del calcio (EDTA) y mucolíticos (N-acetilcisteína) - solos o en combinación con MTBE- se han ensayado en éstos (20-22).

En la litotricia extracorpórea por ondas de choque, los cálculos vesiculares son fragmentados por ondas de alta presión y corta duración producidas por distintos generadores (electrohidráulico, piezoeléctrico, electromagnético o de energía láser) situados en el exterior del cuerpo.

Se requiere que los cálculos sean únicos (de hasta 20 mm de diámetro) o bien en un número máximo de tres (cuya suma de diámetros sea inferior a 20 mm) pudiendo incluir los cálculos con calcificación periférica. Sólo un 15-25% de los pacientes con colelitiasis reúnen los requisitos para esta técnica.

El procedimiento es, en general, bien tolerado precisando sedación y/o analgesia. Tras la sesión de fragmentación, pueden aparecer petequias en la zona cutánea expuesta a las ondas, hematuria macro o microscópica y amilasuria transitoria (20,23).

La litotricia biliar intracorpórea –percutánea- es un método laborioso potencialmente útil en pacientes con cálculos pigmentarios o calcificados con vesícula funcionante y accesible.

La vesícula biliar es puncionada bajo control radiológico y anestesia local, introduciendo a continuación un litotriptor o un fórceps que desintegra y extrae los cálculos (24).

F

La colecistectomía es el tratamiento de elección de la colelitiasis sintomática. Se indicará de forma electiva en el cólico hepático simple y de forma urgente o precoz en el complicado.

Alternativas a ésta son formas de tratamiento paliativas más que curativas con dudosa relación coste-efectividad.

La colecistectomía puede practicarse por vía laparoscópica o a través de la incisión en la pared abdominal. Actualmente, la colecistectomía laparoscópica representa el "patrón oro" de tratamiento de la colelitiasis sintomática suponiendo el 90% de las colecistectomías que se practican (10-12).

La colecistectomía laparoscópica parece desaconsejable, en manos poco expertas, en la colecistitis aguda y en pacientes con antecedentes de laparotomía reiterativa, hipertensión portal severa o con trastornos de la coagulación (13), ( ).

Las ventajas del abordaje laparoscópico estriban en la corta estancia hospitalaria, la rápida incorporación del paciente a la actividad habitual, así como en la mínima cicatriz abdominal residual (14). Sus desventajas, en la visión bidimensional de la cavidad abdominal, imposibilidad de palpar las vísceras abdominales en el transcurso de la intervención y en su utillaje más costoso.

Se acepta que, en el transcurso de una colecistectomía laparoscópica, la conversión a vía abierta será necesaria en el 5-10% de las ocasiones, fundamentalmente por dificultades en la disección –ante la inflamación aguda o adherencias previas- y/o sospecha de lesión quirúrgica de la vía biliar (15).

Los riesgos de la colecistectomía electiva son bajos. Sin embargo, la colecistectomía laparoscópica supone, con respecto a la cirugía abierta, doble riesgo de lesión de la vía biliar –1.33% vs 0.67%, respectivamente- así como de estructuras vasculares e intestinales (15-17).

La tasa de mortalidad global es inferior al 1% en la cirugía electiva y del 7-14% en la urgente (18). No parecen existir diferencias de coste entre las dos modalidades de colecistectomía.

A largo plazo, los pacientes colecistectomizados pueden presentar -hasta en el 5% de los casos- molestias abdominales más o menos definidas que se engloban en el síndrome de post-colecistectomía. La estenosis biliar, la litiasis residual y la estenosis o disquinesia del esfínter de Oddi se han implicado como causas subyacentes (3).

G

La litiasis intraductal no sospechada inicialmente pero descubierta preoperatoriamente que no puede resolverse por técnica laparoscópica (31,32) obliga, según las disponibilidades de cada centro, a practicar esfinterotomía endoscópica intra o post-operatoria o cirugía abierta (33-35) (ver apartados J y L).

H

La endoscopia biliar es el tratamiento de elección de las complicaciones postoperatorias de la colecistectomía (36,37).

La litiasis residual o retenida tras la intervención es excepcional (inferior al 1%) desde el empleo rutinario de la colangiografía intraoperatoria (15). Deberá solucionarse preferiblemente por técnicas endoscópicas pudiendo valorar alternativas efectivas como es la extracción –guiada por coledoscopia- de los cálculos a través del tubo de drenaje en "T" y/o la infusión de sustancias diversas a través del mismo cuando aquéllas fracasen o no sean factibles (38,39).

La endoscopia biliar posibilita la esfinterotomía como forma de tratamiento en la migración de clips, microlitiasis papilar y pancreatitis aguda grave, y la colocación de endoprótesis en las estenosis de la papila de Vater y/o de la vía biliar si bien las lesiones quirúrgicas en ésta requerirán habitualmente reconstrucción quirúrgica (36,37).

ESTRATEGIA DIAGNÓSTICA ANTE UN PACIENTE CON LITIASIS COLEDOCAL (ALGORITMO 2)

I

Los cálculos ductales, en la mayoría de los casos, aparecen exclusivamente en la vía biliar común o colédoco. Excepcionalmente, pueden afectar la vía biliar intrahepática (hepatolitiasis) como ocurre en la estenosis biliar y en la enfermedad de Caroli (40).

El 95% de los cálculos de colédoco proceden de la vesícula de la que han migrado a través del conducto cístico. En los enfermos colecistectomizados, la litiasis coledocal puede ser residual o recurrente. En este último caso, la coledocolitiasis se forma "de novo" e "in situ", tras la colecistectomía, en relación a un drenaje defectuoso de la bilis independientemente de que, hasta en el 30% de los casos, se recoja el antecedente de esfinterotomía previa (41-43).

El 80% de las coledocolitiasis son de colesterol mientras que los cálculos desarrollados primitivamente en el colédoco son de bilirrubinato cálcico.

La coledocolitiasis es una complicación evidente de la colelitiasis que supone, a su vez, un factor de riesgo para el desarrollo de otras complicaciones como son ictericia obstructiva -con o sin colangitis- y pancreatitis aguda.

La forma clásica de presentación de la litiasis ductal es en forma de dolor, fiebre e ictericia, si bien esta tríada sólo se presenta en 1/3 de los pacientes. El cólico biliar de la coledocolitiasis es complicado con dolor de gran intensidad que suele asociarse a vómitos rebeldes.

Habitualmente se constata dilatación ecográfica de la vía biliar, alteración de la bioquímica hepática, ictericia, colangitis o pancreatitis asociadas (5-9), ( ).

El planteamiento diagnóstico-terapéutico de la coledocolitiasis va muy unido al desarrollo, en cada centro, de las técnicas y procedimientos disponibles.

La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) es la técnica de referencia en el diagnóstico de la coledocolitiasis y litiasis ductal en general, pues la ecografía convencional y la TAC presentan baja sensibilidad (44).

La colangiopancreatografía por RM obtiene imágenes semejantes a las de la colangiografía directa sin precisar contraste y muestra, para el diagnóstico de la coledocolitiasis, tiene una sensibilidad, especificidad y valor predictivo positivo del 95%, 89% y 92%, respectivamente, (29,45) si bien las microlitiasis suelen pasar desapercibidas.

La ecografía endoscópica es, como mínimo, igual de sensible que la CPRE aún en ausencia de dilatación de la vía biliar común (46).

En la coledocolitiasis asintomática, a diferencia de la colelitiasis, se aconseja no adoptar una actitud expectante, pues los síntomas y complicaciones se desarrollan con gran rapidez, sobre todo en los sujetos con edad = 60 años (47).

La litiasis de la vía biliar puede extraerse por vía endoscópica o quirúrgica.

La esfinterotomía endoscópica, destinada exclusivamente, en sus orígenes, a pacientes colecistectomizados con litiasis residual o recurrente y a la coledocolitiasis aislada, actualmente se emplea rutinariamente en la coledocolitiasis asociada a colelitiasis, de forma que, como procedimiento urgente o electivo, es el tratamiento inicial de la litiasis coledocal en la mayoría de los contextos clínicos (Intensidad de la recomendación: AI).

La esfinterotomía o papilotomía endoscópica consiste en la sección de la papila de Vater, mediante un esfinterotomo convencional, en el transcurso de una CPRE. Es un procedimiento efectivo asociado a un riesgo definido de pancreatitis, sangrado y perforación duodenal estimado en el 5-10% y a una mortalidad inferior al 1% de casos (47,48).

Son contraindicaciones para su realización las alteraciones de la coagulación, los cálculos de tamaño superior a 2 cms y la estenosis coledocal. La presencia de una papila intradiverticular dificulta la canulación de la misma y aumenta el riesgo de perforación duodenal aunque no representa una contraindicación formal.

Aunque los cálculos menores de 10 mm se expulsan espontáneamente tras la esfinterotomía, se prefiere extraerlos directamente mediante catéteres de balón o cesta. Los primeros son útiles para extraer una gran cantidad de cálculos relativamente pequeños y limpiar, por arrastre, el colédoco. Las cestas de alambre –de tamaños y formas variadas- están especialmente indicadas en los cálculos de gran tamaño que requieren una extracción activa.

La esfinteroplastia o dilatación hidrostática de la papila de Vater representa una alternativa eficaz a la esfinterotomía en pacientes con alteraciones de la coagulación (49,50).

La hepatolitiasis y litiasis situadas en el conducto cístico requieren habitualmente tratamiento quirúrgico, ya que el acceso endoscópico suele ser difícil (39).

El seguimiento de los enfermos sometidos a esfinterotomía endoscópica ha mostrado que su evolución a medio-largo plazo es buena permaneciendo, más del 89% de los pacientes, asintomáticos a los 9 años de seguimiento (51). La recidiva litiásica y la estenosis papilar aumenta, sin embargo, con los años; la aerobilia y el reflujo duodenal, igual que en la esfinterotomía quirúrgica, aparece en un porcentaje considerable de pacientes.

La extracción endoscópica de la litiasis en colédoco fracasará en el 2- 10% de los casos, de forma aproximada (52). La experiencia del endoscopista pero también el tamaño, forma y la localización de la litiasis son los factores más importantes que influyen en el éxito de la técnica. Así, los cálculos de hasta 25 mm de diámetro pueden extraerse mediante esfinterotomía endoscópica si bien el riesgo de hemorragia y/o perforación aumentan proporcionalmente con el tamaño de ésta.

En estas circunstancias, será necesario analizar las características particulares del caso y evaluar cuidadosamente los riesgos, beneficios y costes de los tratamientos alternativos, siendo frecuente, sin embargo, que sea necesario recurrir a la combinación de varios de estos métodos (20).

J

La extracción quirúrgica de los cálculos de colédoco puede hacerse mediante técnicas laparoscópicas con apropiado equipamiento y experiencia, cuando el riesgo quirúrgico es bajo, habitualmente en el transcurso de la colecistectomía laparoscópica.

La esfinteroplastia/esfinterotomía quirúrgica transduodenal adicional está indicada en el cálculo impactado en papila con vía biliar principal no excesivamente dilatada; en la disfunción o estenosis orgánica del esfínter de Oddi; en la litiasis de los conductos biliares y ante la presencia de barro biliar. Alternativamente, el drenaje de la vía biliar mediante anastomosis digestiva –coledocoduodenostomía, coledocoyeyunostomía en Y de Roux- será necesario si existe dilatación marcada del colédoco y/o gran número de cálculos.

Las complicaciones postoperatorias más frecuentes son la infección de la herida quirúrgica (10-15%), la pancreatitis debida a la manipulación de la vía biliar (1-2%) y la fístula biliar (0.7%). La mortalidad oscila entre el 0.5 y 4% (53).

La litotricia extra o intracorpórea es una alternativa real a la cirugía en la coledocolitiasis que no puede extraerse por técnicas endoscópicas, si bien ésta debe ser preferentemente de colesterol y estar localizada correctamente por técnicas de imagen. La extracción de los fragmentos requiere de una nueva endoscopia.

La morbilidad -en forma de hematuria y/o hemobilia- se cifra en el 10%, y sólo un 15% de casos requerirán más de una sesión (23).

Ante el fracaso de la litotricia extracorpórea o, excepcionalmente de inicio, puede recurrirse a los disolventes por contacto. El MTBE y/o DMSO, aisladamente o en combinación, son instilados directamente en la vía biliar a través de un catéter colocado por vía endoscópica retrógrada o percutánea. Rara vez se obtiene la disolución completa de los cálculos, pero sí su solubilización, facilitando la extracción mecánica posterior (21).

La endoprotesis biliar o "stent" de gran calibre (diámetro>10 French) es otra alternativa de tratamiento de la litiasis ductal en los pacientes de alto riesgo quirúrgico, si bien requiere ser recambiada antes de los 12 meses de su colocación (54).

K

Se ha considerado la esfinterotomía endoscópica como una opción de tratamiento definitivo en pacientes con colelitiasis asociada a la coledocolitiasis si el riesgo quirúrgico es elevado y/o edad = 65 años, pues la colecistectomía electiva post-esfinterotomía no reduce la incidencia de complicaciones biliares recurrentes (55-57) (Intensidad de la recomendación: AII).

ESTRATEGIA DIAGNÓSTICA ANTE UN PACIENTE CON LITIASIS BILIAR COMPLICADA (ALGORITMO 3)

L

La colecistitis o inflamación aguda de la vesícula biliar aparece en el 10-20% de los pacientes con colelitiasis y conlleva un riesgo elevado de complicaciones posteriores, como empiema, absceso, perforación vesicular, peritonitis y sepsis (58).

En la mayoría de los casos corresponde, en realidad, a una colecistitis crónica reagudizada resultado del efecto combinado de la ectasia vesicular, irritación química de la mucosa por la bilis y de la isquemia tensional de la pared vesicular.

La colecistitis aguda se caracteriza por un dolor más severo y constante que el del cólico biliar simple.

Necesariamente debe diferenciarse de la colecistitis alitiásica que aparece en pacientes ancianos con patología de base o en relación a diabetes, nutrición parenteral total o quemaduras extensas (59).

Los pacientes con colecistitis aguda requieren colecistectomía para interrumpir la historia natural de la enfermedad. Se debate el momento más apropiado para llevar a cabo la intervención, aunque cada vez son más los grupos de trabajo que se inclinan por la colecistectomía laparoscópica precoz -en las primeras 24-48 horas del inicio de los síntomas- (60). (Intensidad de la recomendación: AII).

La colecistostomía percutánea preoperatoria -realizada bajo control ecográfico y anestesia local- permite el drenaje de la vesícula biliar en situaciones extremas y es efectiva en disminuir la morbi-mortalidad de la colecistectomia. Mantiene su vigencia en pacientes debilitados o sépticos. Los avances en el cuidado perioperatorio del paciente crítico, sin embargo, hacen que sólo se emplee en el 5% de los casos de forma aproximada. Siempre que sea posible, es obligada la colecistectomía posterior (61-63).

LL

La colangitis aguda es consecuencia de la dificultad de flujo que condiciona la litiasis ductal y de la colonización bacteriana posterior. Los síntomas más frecuentes son el dolor en hipocondrio derecho, la ictericia y la fiebre con escalofríos -tríada de Charcot- apareciendo rápidamente compromiso hemodinámico.

Las claves del tratamiento son la antibioterapia y el drenaje biliar. Un factor decisivo en el resultado final es la precocidad y la simplicidad de la técnica empleada en éste último. La descompresión quirúrgica urgente presenta una morbi-mortalidad sustancial por lo que, incluso con vesícula in situ, se preconiza el uso de la esfinterotomía endoscópica de urgencia, especialmente en pacientes de alto riesgo quirúrgico y colecistectomía laparoscópica electiva posterior.(Intensidad de la recomendación:AI)

En situaciones extremas, especialmente si existen alteraciones de la coagulación, puede ser aconsejable la colocación por vía retrógrada de un tubo de drenaje nasobiliar sin intentar la esfinterotomía endoscópica (37,64).

M

La pancreatitis aguda de origen biliar es una complicación de la colelitiasis y coledocolitiasis que aparece en el 7-10% y 30% de los casos, respectivamente (63).

La mortalidad de la pancreatitis aguda de origen biliar es extraordinariamente elevada, superior al 40% (65).

La colecistectomía laparoscópica es, por excelencia, el tratamiento definitivo de la pancreatitis aguda biliar. No se aconseja realizarla precozmente por su elevada mortalidad ni tampoco diferirla durante semanas o meses, pues el riesgo de recidiva es elevado.

En los pacientes cuyas características al ingreso sugieran evolución grave, la revisión de la literatura permite afirmar que la esfinterotomía endoscópica precoz –48ª-72ª horas del ingreso- mejora el pronóstico y es preferible al tratamiento conservador especialmente si existen signos crecientes de obstrucción biliar o de infección.

Posteriormente, se practicará colecistectomía laparoscópica precoz –entre el 3º-25º día del ingreso-. Las formas menos severas (criterios de Ranson modificados = 4) pueden beneficiarse de un tratamiento inicial conservador (66,67). (Intensidad de la recomendación: AI).

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 TABLAS
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   BIBLIOGRAFÍA
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