El término dispepsia se define como: "dolor o malestar centrado
en el abdomen superior". Esta definición, intencionadamente vaga, incluye
síntomas como náuseas, saciedad precoz, plenitud postprandial, distensión
epigástrica y dolor, entre otros. Estos síntomas no tienen que
relacionarse necesariamente con la ingesta.
La dispepsia se clasifica en orgánica (cuando los síntomas
son secundarios a causas anatómicas, bioquímicas, metabólicas
o al consumo de alcohol o fármacos) y no orgánica o funcional
().
La dispepsia funcional se define como: presencia de las siguientes manifestaciones
clínicas durante al menos 12 semanas, no necesariamente consecutivas,
en los últimos 12 meses:
Dispepsia persistente o recurrente (dolor o malestar centrados en al abdomen
superior); y
Sin signos de enfermedad orgánica (incluyendo la realización
de endoscopia digestiva alta) que puedan explicar los síntomas; y
Sin que los síntomas se alivien exclusivamente por la defecación
o se relacionen con el inicio de un cambio en la frecuencia de la evacuación
o la consistencia de las heces (es decir, que no sea un SII).
La dispepsia funcional se clasifica en tres subtipos dependiendo de cual
sea el síntoma predominante ().
Esta clasificación tiene una utilidad clínica evidente, ya que
los síntomas predominantes, y no la agrupación de síntomas,
permiten identificar subtipos clínicos con similares respuestas al
tratamiento.
IMPACTO SOCIECONÓMICO
La prevalencia de los síntomas dispépticos es enorme, afectando
entre un 15 y un 40% de la población general (las cifras más
altas corresponden a estudios que incluían la pirosis como síntoma
dispéptico).
Sólo una cuarta parte de las personas afectas solicitan valoración
médica: la dispepsia constituye la causa del 2-4% de las visitas en
atención primaria, y entre el 20 y el 40% de las consultas sobre patología
digestiva.
Se estima que dos terceras partes de los casos de dispepsia se atribuyen
finalmente a la dispepsia funcional.
La dispepsia es ligeramente más prevalente en el sexo femenino, probablemente,
como consecuencia de la frecuencia más alta de dispepsia funcional
en este sexo y su mayor demanda de atención médica.
Los síntomas dispépticos pueden aparecer a cualquier edad,
sin embargo, la dispepsia orgánica es más frecuente en las edades
más avanzadas, hecho que se tendrá en cuenta en el manejo diagnóstico.
La dispepsia constituye un problema sanitario y socioeconómico de
gran magnitud tanto por su alta prevalencia como, en el caso de la dispepsia
funcional, por su carácter crónico y ausencia de un tratamiento
satisfactorio. Además, la dispepsia, pese a su naturaleza en general
benigna, afecta de forma significativa a la calidad de vida de quienes la
sufren.
DISPEPSIA FUNCIONAL: ETIOLOGÍA
Diagnóstico: se establece por exclusión.
Etiología: la heterogeneidad de las manifestaciones clínicas
sugiere la implicación de varios mecanismos: probablemente, ciertos
trastornos de la función junto con la percepción anormal de
fenómenos normales. Ello, unido a la importancia de ciertos rasgos psicológicos
y la influencia del medio externo, permite dibujar un modelo biopsicosocial
de la enfermedad que contribuye, a su manejo diagnóstico y terapéutico.
Percepción visceral: los estudios de barostato gástrico
muestran una menor tolerancia a la distensión. Esta hipersensibilidad
se exacerba durante la infusión intraduodenal de lípidos.
Ello sugiere la posibilidad de una percepción visceral anormal que
induciría sensaciones exageradas ante estímulos normales.
Actividad motora gastroduodenal: el vaciamiento gástrico
de sólidos medido por gammagrafía está retrasado en
un 30% de los pacientes, y un 25% de los sujetos presenta hipomotilidad antral
en la manometría gastrointestinal. Algunos reflejos gastrointestinales
también están alterados en los pacientes con dispepsia funcional.
Ello podría jugar un papel en la disminución de la tolerancia
a la ingesta.
Secreción ácida gástrica: no hay alteración
de la secreción basal ni de la estimulada.
Helicobacter pylori
: su prevalencia es ligeramente superior en los
pacientes con dispepsia funcional en comparación con la población
general. Sin embargo, no se ha podido establecer ninguna relación
entre este agente y ninguna de las alteraciones funcionales observadas en
la dispepsia funcional. Además, su erradicación no parece
modificar la historia natural de la enfermedad.
Factores psicológicos: los pacientes con dispepsia funcional presentan
con mayor frecuencia depresión, ansiedad y ciertos rasgos de la personalidad
como el neuroticismo o la hipocondriasis. Es posible que en un subgrupo
de sujetos estos factores tengan relevancia en la percepción y la
actitud ante la enfermedad.
Factores externos: La aplicación de estrés ambiental es
capaz de inducir diversas alteraciones en la fisiología digestiva.
Los pacientes con dispepsia funcional refieren un mayor número de
acontecimientos vitales estresantes y experiencias traumáticas en
la infancia. Además, el estrés puede desencadenar, perpetuar
o exacerbar los síntomas dispépticos en estas personas.
DIAGNÓSTICO
El manejo diagnóstico de los síntomas dispépticos
constituye un reto tanto para el médico de atención primaria como
para el especialista, ya que, bajo un mismo término se engloban patologías
orgánicas, algunas potencialmente letales, susceptibles de tratamiento
y/o curación, con otra funcional de naturaleza crónica y tratamiento
insatisfactorio. Ello exige una aproximación diagnóstica sistemática
y adaptada a los recursos sanitarios disponibles:
I. ELEMENTOS DIAGNÓSTICOS
Evaluación clínica:
Anamnesis: debe incluir una descripción detallada de los síntomas,
el tiempo de evolución, la severidad, los antecedentes clínicos
personales y familiares, la presencia o no de síntomas de alarma
(ver estrategia diagnóstica), el consumo de fármacos y los
hábitos tóxicos.
Exploración física: La exploración física
en un paciente con dispepsia funcional es en principio normal. Cualquier
hallazgo como la presencia de masas abdominales, ictericia, adenopatías
o sangre macro o microscópica en las heces debe hacer pensar en
la existencia de patología orgánica.
Exploración de la esfera psicosocial: interrogar, en lo posible,
sobre la presencia de acontecimientos vitales estresantes presentes o pasados,
actitud y expectativas ante la enfermedad, y sobre la presencia de depresión
o ansiedad.
Fibrogastroscopia (FGS): es la técnica de elección pues
permite la visualización del tracto digestivo superior, la toma de
biopsias y la realización de la prueba de la ureasa para descartar
infección por H. pylori. Además, incluso cuando la
FGS es normal el efecto tranquilizador tanto para el paciente como para
el facultativo no es desdeñable al descartar una patología
orgánica.
Diagnóstico de la infección por H. pylori: se puede
efectuar mediante métodos invasivos, que requieren de la endoscopia
para la obtención de biopsias de mucosa gástrica (cultivo
microbiológico, estudio histológico o prueba de la ureasa),
y métodos no invasivos, que proporcionan evidencias indirectas de
la infección (serología y prueba de aliento con urea).
Otras exploraciones: se incluyen técnicas convencionales como la
ecografía abdominal o el TAC y técnicas más sofisticadas
limitadas a los casos más complejos y realizadas en los centros de
referencia como la medición del vaciamiento gástrico por gammagrafía,
la manometría gastrointestinal o el barostato gástrico, entre
otras.
II. ESTRATEGIA DIAGNÓSTICA
La dispepsia funcional es el diagnóstico en dos terceras
partes de los pacientes que solicitan atención médica por dispepsia.
La realización de una FGS inicial a todos los pacientes resulta inviable
desde un punto de vista económico y sanitario. Por ello, a partir de
la información obtenida en la evaluación clínica se determinará
la actitud diagnóstica más adecuada en cada caso (ALGORITMO 1):
Síntomas o signos de alarma: se consideran signos
de alarma: disfagia, pérdida de peso, anorexia y pirosis, así como la
presencia de sangre en las heces en ausencia de patología anal. Ante
cualquiera de estos síntomas se recomienda la realización de
exploraciones complementarias dependiendo del síntoma guía e
independientemente de la edad del paciente, y que pueden llevar a un diagnóstico
específico (ulcus péptico, litiasis biliar, neoplasia esofagogástrica,
esofagitis, patología pancreática, etc).
Clínica de dispepsia en pacientes > de 45 años: se recomienda
la realización de una FGS dado el aumento en la prevalencia de patología
orgánica, en especial el adenocarcinoma gástrico y esofágico,
a partir de esta edad.
Consumo concomitante de AINE: suspender los AINE y/o sustituirlos
por otros analgésicos no AINE si ello es posible. Si el paciente debe
mantener su consumo de forma crónica añadirá un IBP mientras
persista el tratamiento y se recomendará la realización de una
FGS.
Dispepsia en pacientes < de 45 años: se aconseja el tratamiento
empírico si la duración de los síntomas es inferior a
4 semanas y no existen signos de alarma, no siendo preciso la realización
de pruebas diagnósticas complementarias.
Infección por Helicobacter pylori: si la duración de los
síntomas es mayor de 4 semanas, se recomienda determinar si existe o
no infección por H. pylori, ya que en caso negativo es poco
probable que los síntomas sean secundarios a una enfermedad ulcerosa
péptica. Esta estrategia es la más adecuada si se dispone de
un método diagnóstico no invasivo accesible, y con una sensibilidad
y especificidad adecuada, especialmente si la realización de la FGS
en el medio sanitario en el que se desarrolla la actividad se retrasa. En
los casos en que exista una infección por H. pylori, cabría
la posibilidad de iniciar tratamiento erradicador, asumiendo que el paciente
es portador de una enfermedad ulcerosa, o bien practicar una FGS para determinar
la existencia de la lesión y tratar sólo los casos con evidencia de
patología ulcerosa. Basándose en datos de coste-efectividad
es aconsejable tratamiento erradicador en aquellos pacientes H. pylori
positivos sin necesidad de practicar FGS, si no existe ninguna otra motivo
que lo indique.
Revaloración clínica: no es necesario repetir exploraciones
complementarias basándose en la persistencia de los síntomas
exclusivamente, pero sí en los caso de aparición de síntomas
nuevos o síntomas de alarma.
TRATAMIENTO
Diagnóstico establecido de dispepsia orgánica: administrar
el tratamiento más adecuado según la afección objetivada.
Sospecha diagnóstica de dispepsia funcional
: el primer paso consiste
en promover una relación personal adecuada, tranquilizando al paciente
sobre la benignidad de sus síntomas. Una relación médico-paciente
satisfactoria y algunas recomendaciones dietéticas (por ejemplo, evitar
ingestas copiosas y ricas en grasas y el abuso del tabaco o/y el café)
pueden resultar suficientes en los casos leves.
En casos más severos, será preciso la prescripción
de una terapia farmacológica en función del síntoma predominante:
Omeprazol a dosis de 20 mg/día y 10 mg/día posee una eficacia
superior al placebo en la dispepsia funcional tipo ulceroso, no así
en la tipo dismotilidad. Los antiácidos poseen una eficacia similar
al placebo y los antagonistas de los receptores H2 son discretamente
superiores.
Los procinéticos resultan beneficiosos en algunos pacientes, aunque
no existen datos que permitan relacionar el alivio sintomático con
la magnitud de la aceleración del vaciamiento gástrico. Se
recomienda su empleo en los pacientes con molestias tipo saciedad precoz,
plenitud postprandial, náuseas y distensión epigástrica. Los
procinéticos más empleados son:
Agonistas 5 HT4: cisaprida 10 mg/8h
y cinitaprida 1 mg/8h. El empleo de cisaprida está limitado en
la actualidad por sus efectos sobre la conducción cardiaca.
Antidopaminérgicos: cleboprida 500 mg/8 h, domperidona 10 mg/8h y metoclopramida 10 mg/8h. La metoclopramida
puede atravesar la barrera hematoencefálica, de ahí su
acción ansiolítica y sus efectos secundarios.
Erradicación de H. pylori: no está indicada en el tratamiento
de la dispepsia funcional. Esta recomendación se basa, no sólo en
la ausencia de evidencias que relacionen la patogénesis del H.
pylori con el desarrollo de la dispepsia funcional, sino también
en los resultados clínicos obtenidos en los estudios de erradicación.
Psicofármacos:
el tratamiento con estos agentes debería
limitarse a aquellos pacientes en los que se evidencie la presencia de depresión,
ansiedad, alteraciones conductuales y/o de la personalidad. Si estas alteraciones
son importantes se recomienda la valoración del paciente por un psicólogo.
Los fármacos más empleados son:
1) Talley NJ, Stanghellini V, Heading RC, y cols. Functional gastroduodenal disorders. Gut 1999; 45 (Suppl II);42-48.
2) Coffin B, Azpiroz F, Guarner F, Malagelada J-R. Selective gastric hypersensitivity and reflex hyporeactivity in functional dyspepsia. Gastroenterology 1994;107:1345-1351.
3) Mearin F, Cucala M, Azpiroz F, Malagelada J-R. The origin of symptoms in the brain-gut axix in functional dispepsia. Gastroenterology 1991;101:999-1006.
4) Talley NJ, Silverstein M, Agreus L, y cols. AGA Technical review. Evaluation of dyspepsia. Gastroenterology 1998; 114: 582-95.
5) Malagelada JR. Review article: the continuing dilemma of dyspepsia. Aliment Pharmacol Therapy 2001;15(Supl 1(6-9).
6) Moayyedi P. Helicobacter pylori test and treat strategy for young dyspeptic patients: new data. Gut 2002;50 (Supl IV):47-50.
7) Talley NJ, Lauritsen K. The potential role of acid suppression in functional dyspepsia: the BOND, OPERA, PILOT and ENCORE studies. Gut 2002;50(Supl IV): 36-41.
8) Veldhuyzen van Zanten SJO, Talley NJ, Blum AL, Bolling-Stervald E, Sundin M, Junghard O. Combined analysis of the ORCHID and OCAY studies: does eradication of Helicobacter pylori lead to sustained improvement in functional dyspepsia symptoms?. Gut 2002;50(Supl IV):26-31.