El intestino del recién nacido es estéril, pero inmediatamente
después de nacer empieza su colonización por vía oral
por la flora del medio que le rodea. Al cabo del tiempo (alrededor de 2 años)
se conforma una flora similar a la del adulto, constituida por una gran variedad
de bacterias ().
La flora bacteriana es más abundante cuanto más distal sea
el tramo intestinal, llegando a su máxima concentración en el
colon (1). En el intestino proximal se aíslan fundamentalmente bacterias aeróbicas
y grampositivas, mientras que distalmente van haciéndose cada vez
más numerosas las bacterias gramnegativas y las anaeróbicas.
La composición de la flora tiene una gran variabilidad interindividual,
aunque para un mismo individuo permanece constante por largos períodos
de tiempo.
La flora intestinal es importante en la diferenciación, desarrollo
y funcionalismo intestinales (2-5) ().
El crecimiento bacteriano intestinal no es anárquico, sino que está
regulado in vivo mediante unos mecanismos que controlan y limitan la flora
intestinal ().
El principal mecanismo de defensa contra la sobrecolonización intestinal
es la existencia de un flujo unidireccional continuo, orocaudal
que depende de una motilidad gastrointestinal preservada. De esta forma,
la aceleración farmacológica del tránsito intestinal
aumenta la eliminación microbiana fecal en un 25 %, mientras que
el enlentecimiento del tránsito disminuye su eliminación en
un 20 %.
La acidez gástrica es también muy importante para
limitar la población bacteriana intestinal, ya que sólo las
bacterias más resistentes al ácido (como los lactobacilos
o los estreptococos) sobreviven a su paso por el estómago. Otras
secreciones intestinales, como el jugo pancreático, tienen una función
adyuvante.
Otros mecanismos más específicos para limitar la sobrecolonización
intestinal son la producción de inmunoglobulina A secretora específica,
lisozima y análogos de los receptores epiteliales. Además,
la propia flora intestinal tiende a autorregularse mediante interacciones
bacterianas e impide la colonización de microorganismos patógenos.
Existen factores exógenos que pueden modificar también la
flora intestinal. Por ejemplo, la administración de antibióticos,
dependiendo de su cantidad y espectro antimicrobiano modifican la composición
de la microflora intestinal. Por el contrario, los cambios dietéticos
parece que modifican escasamente la flora.
FISIOPATOLOGÍA DEL SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO
Cuando aparece una proliferación de la flora de tipo colónico
en el intestino delgado se producen alteraciones en la digestión y
absorción intestinal (6-11), que clínicamente conforman el síndrome
del sobrecrecimiento bacteriano (SB). En el SB la concentración
bacteriana aumenta hasta 107 - 109 CFU/ml en intestino
delgado ( bacterias aerobias y anaerobias). El SB aparece cuando se altera
alguno de los mecanismos reguladores de la flora intestinal dando lugar a
situaciones favorecedoras (enfermedades de base predisponentes) ().
La pérdida del flujo unidireccional intestinal, o éstasis intestinal, es el principal mecanismo favorecedor del SB.
En los trastornos primarios de la motilidad intestinal se ha demostrado un enlentecimiento manifiesto del tránsito en el intestino delgado. Por ello, los casos de pseudoobstrucción crónica idiopática, esclerodermia o neuropatía autonómica diabética o amiloidótica se asocian a SB.
Por un mecanismo similar, los divertículos duodenales o yeyunales, estenosis y fístulas intestinales, la creación quirúrgica de asas ciegas o reservorios ileales, el síndrome de intestino corto, o la enfermedad de Crohn son causas frecuentes de SB. La pérdida del mecanismo valvular ileocecal, al permitir el reflujo del contenido cecal, facilita también el desarrollo del SB.
La hipoclorhidria facilita el aumento de la concentración bacteriana anaerobia en el intestino delgado. Así de 1/3 a 2/3 de los pacientes gastrectomizados presentan SB. También la vagotomía y la hipoclorhidria
inducida farmacológicamente se acompañan de SB.
Otro factor de riesgo para la aparición de SB es el déficit de IgA, especialmente si se le añade inmunosupresión farmacológica como prednisona a dosis elevadas.
En casos de cirrosis hepática alcohólica y de malnutrición crónica, se ha descrito también la existencia de SB.
La edad avanzada predispone al desarrollo de SB, incluso sin que se detecte una causa aparente.
EFECTOS DEL SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO
El SB puede cursar de forma asintomática pero, en general, desencadena múltiples trastornos (12-13).
El análisis de la flora contaminante en el SB demuestra la existencia tanto de aerobios como de anaerobios. Sin embargo, parece que las alteraciones metabólicas que aparecen en el SB son debidas sobretodo a la colonización anaerobia. La supresión de la flora aerobia no mejora los cambios metabólicos del SB, lo que sí se consigue con la supresión selectiva de la flora anaerobia con lincomicina.
La alteración metabólica más frecuente en el SB es la malabsorción de la grasa. En el SB la flora desconjuga los ácidos biliares impidiendo la formación de micelas, lo que conlleva la malabsorción de los triglicéridos, que se traduce en la aparición de esteatorrea. No todas las bacterias poseen el equipo enzimático capaz de desconjugar los ácidos biliares, siendo sólo los Bacteroides, Bifidobacteria, Veillonella, Clostridium y enterococáceas los que pueden hacerlo.
El SB provoca también malabsorción de vitamina B12 y anemia megaloblástica al unirse la cobalamina a las bacterias en el intestino proximal. Además, en el SB se incrementan análogos inactivos de la vitamina B12, y aumenta el catabolismo de la vitamina B12 a cobamidas inactivas por acción de algunas bacterias (Clostridium, E. Coli y Propionibacterium). Estudios in vitro sugieren además que los ácidos biliares no conjugados pueden interferir en la absorción intestinal del 5-metiltetrahidrofolato, por lo que en el SB la anemia megaloblástica puede estar también en parte mediada por el déficit de folato.
La absorción de hidratos de carbono también se altera en el SB, produciéndose malabsorción, que se debe sobre todo al consumo intraluminal y a la disminución de disacaridasas locales (lactasa y sucrasa).
En el SB existe además malabsorción proteica por catabolismo intraluminal, disminución de la absorción y aumento de las pérdidas proteicas, lo que conduce a situaciones de hipoproteinemia severa, incluso manteniendo una ingesta adecuada.
Como en la mayoría de procesos malabsortivos el SB se acompaña de diarrea por:
Exceso de pérdidas intestinales de agua y electrolitos.
La colonización bacteriana induce la producción de secretagogos como los ácidos grasos hidroxilados (resultantes de la malabsorción de la grasa), ácidos orgánicos osmóticamente activos y alcoholes (productos de la malabsorción de carbohidratos) y ácidos biliares desconjugados.
Aumento de la actividad motora intestinal, estimulada por alcoholes, ácidos grasos hidroxilados y ácidos biliares desconjugados.
Además de los trastornos en la absorción, el SB puede provocar otras alteraciones metabólicas como la esteatosis hepática. En condiciones experimentales se ha demostrado que la inducción de SB mediante la práctica de bypass intestinal provoca esteatosis hepática y que mejora con antibióticos. Tras una resección intestinal masiva o un bypass yeyunoileal, se han descrito casos de acidosis metabólica por ácido D-láctico.
Relación del SB con la neoplasia gastrointestinal
El aumento de la concentración bacteriana intraluminal mantenida a largo plazo se ha relacionado con la aparición de neoplasias del tubo digestivo a través de la producción de sustancias carcinógenas.
La aclorhidria gástrica se ha relacionado con una mayor incidencia de cáncer gástrico por el aumento de bacterias que producen nitrosaminas potencialmente carcinógenas.
En el SB el riesgo de neoplasia de colon está aumentado lo que se ha relacionado con un exceso de ácidos biliares. Esta hipótesis se basa en diferentes hallazgos como la presencia de receptores específicos para ácidos biliares en las neoplasias colorrectales humanas, el incremento de captación por la mucosa de colon de ácidos biliares en sujetos con pólipos adenomatosos y el incremento de neoplasias colorrectales en ratas con dietas suplementadas con ácido cólico.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Dada la diversidad de alteraciones que condiciona el SB, sus manifestaciones clínicas son muy variadas. Debe sospecharse la existencia de SB en todo paciente que, presentando una causa predisponente, tenga síntomas de malabsorción o diarrea crónica.
Las causas predisponentes pueden estar presentes largos periodos de tiempo antes de provocar trastornos metabólicos sintomáticos, aunque, en otras ocasiones, la sintomatología de la enfermedad de base predomina sobre la del SB.
El SB por sí mismo se manifiesta por diarrea y/o síntomas de malabsorción como pérdida de peso, diarrea, esteatorrea y cuadros carenciales más o menos desarrollados como ceguera nocturna (déficit de vitamina A), osteomalacia (déficit de vitamina D) o facilidad al sangrado (déficit de vitamina K).
La anemia es habitual en el SB. Generalmente es de tipo macrocítico, por déficit de vitamina B12, aunque en ocasiones puede existir componente ferropénico por sangrado digestivo secundario a lesiones en la mucosa.
PROCEDIMIENTOS DIAGNÓSTICOS
Existen métodos directos e indirectos.
Los métodos directos consisten en cuantificar el número de gérmenes presentes en la luz intestinal, por lo que requieren procedimientos invasivos como el sondaje y aspiración intestinal.
Los métodos indirectos se basan en demostrar la existencia de un aumento del metabolismo bacteriano. Pueden ser también invasivos, como la práctica de determinaciones bioquímicas intraluminales, o no invasivos, como es el caso de las pruebas del aliento (15-20).
Cultivo cuantitativo del aspirado intestinal
Es el procedimiento considerado de referencia y debe realizarse tanto en medio aerobio como anaerobio. El paciente debe estar en ayunas y no haber recibido antibióticos al menos en dos semanas. Los tubos para la aspiración tienen que estar libres de sustancias antibacterianas y es preferible que sean de pequeño calibre, ya que los primeros volúmenes que se aspiran (2-3 veces el volumen del tubo) se desechan para evitar la presencia de contaminantes. El aspirado intestinal se cultiva lo antes posible para facilitar el cultivo de anaerobios y hay que realizarlo en varios medios para permitir la identificación de los microorganismos. Al realizar el cultivo cuantitativo se considera positivo cuando crecen más de 105 CFU/ml.
Determinaciones de metabolitos bacterianos
Bacterias como E. coli o Bacteroides metabolizan el triptófano formando indoles que se transforman en el hígado en indicano (indoxyl sulfato) y que se elimina por orina. Por ello, niveles elevados de indicano en orina (superiores a 100-200 mg/24 horas) son demostrativos de SB. Otros metabolitos urinarios indicadores de SB son el fenol, p-cresol o aminoácidos sulfurados. El problema de la determinación de los metabolitos bacterianos en orina es que no indican el lugar de la colonización, pudiendo deberse a producción bacteriana en intestino delgado y colon.
Existen pruebas séricas, como la cuantificación de los ácidos biliares no conjugados postprandiales que se encuentran elevados en pacientes con SB.
La determinación de ácidos biliares desconjugados y ácidos grasos de cadena corta en la luz intestinal también se han empleado en el diagnóstico del SB. Sin embargo, las determinaciones intraluminales requieren intubación intestinal por lo que son poco utilizadas.
Pruebas del aliento
Son el procedimiento más utilizado en el diagnóstico del SB. El metabolismo de las bacterias sobre los ácidos biliares y azúcares produce CO2 y H2, respectivamente. Ambos gases producidos en la luz intestinal son absorbidos y posteriormente eliminados por el aire exhalado. Por ello, el aumento de sus concentraciones en el aire exhalado sugiere la existencia de SB.
Prueba del aliento con colil-14C-glicina:
En el SB la administración de 10 µCi de colil-14C-glicina junto a la comida se sigue de un pico patológico de 14CO2 en el aire exhalado. Para la determinación del 14CO2 el paciente debe soplar en un vial de contaje con 20 ml de una solución de 2 ml de hidróxido de hiamina y 2 ml de etanol y 2-3 gotas de timolftaleina como indicador. El CO2 reacciona equimolarmente con la hiamina, de forma que cuando la solución vira del azul al incoloro se han atrapado 2 mmol de CO2. El contaje del 14CO2 se realiza en un contador-ß durante 10-20 minutos, y la actividad se expresa en desintegraciones por minuto (dpm).
Prueba del aliento con 14C-D-xilosa
: Tras la administración de 10 µCi de 14C-D-xilosa con 1 g de xilosa no marcada en 250 ml de agua se analiza el aire exhalado a los 30 o 60 minutos. Si existe SB, la xilosa es metabolizada liberando un exceso de CO2, considerándose el test positivo cuando la concentración de 14C exhalada a los 30 minutos excede del 0.0013 % de la dosis administrada por milimol de CO2.
Dada la larga vida media del 14C, este tipo de exploraciones isotópicas no pueden realizarse en niños ni embarazadas. Además la 14C-D-xilosa, al absorberse rápidamente en los primeros tramos intestinales, sólo es de utilidad en SB proximales. Por estos motivos se han desarrollado BT que usan la medición de H2 sin necesidad de recurrir a isótopos radiactivos.
Pruebas del aliento de H2
Las pruebas del aliento de H2 se basan en la capacidad de la flora bacteriana de fermentar los carbohidratos de la luz intestinal liberando H2, que es absorbido y excretado en el aire exhalado. El H2 excretado se analiza por cromatografía de gases y se expresa en partes por millón (ppm). Cualquier sustrato glucídico, como por ejemplo la lactulosa, administrado por vía oral que alcance el colon, será fermentado liberando H2. Sin embargo, si se produce un SB intestinal, la producción de H2 será precoz, ya que la fermentación se producirá antes de llegar al colon. El mejor sustrato glucídico para identificar el SB es la glucosa, puesto que ésta se absorbe muy activamente en el yeyuno sin llegar al colon. Por ello, la aparición de un pico de H2 tras administración de glucosa sugiere la existencia de SB a nivel yeyunal (FIGURA 2)
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